Esther, abogada.

Cuando fui por primera vez tenia las referencias que un amigo me había dado de sus sesiones y un par de videos de charlas que habías dado. Cuando decidí probar una de tus sesiones, buscaba aprender a mover mi cuerpo, como si fuera una forma de hacer ejercicio, o danza libre, y averiguar que movimientos reiteraba y eran perjudiciales para mí.

 

Lo que aprendí no fue exactamente eso.... Me sorprendió estar tumbada y que supieras tanto de mí observando mis pies. Me sorprendió empezar a buscar pequeñas cosas que limitaran mi estado de humor, como la irritación me producía que sonara mi móvil. Y cómo en pocas sesiones conseguimos que dejara de irritarme tanto.También me sorprendió el encontrar el dolor emocional aferrado a mi cuerpo. Creo que tenía un umbral del dolor muy alto, resistente y casi impenetrable hasta que me enseñaste a sentirlo. ¡Que dolor en mitad del esternón cuando apretabas con la yema del dedo!

 

Y observar cómo hay temas en mi vida que cortan mi respiración, o que me hacen respirar cortito. ¡Cuánta información de cómo me afectan las cosas he descubierto, solo observando mi respiración y dejando que fluya, sin ejercer resistencia! O apretando más y luego soltando…

 

Para mí la máxima del "efecto Estitxu" es una especie de sexto sentido que he aprendido a escuchar. Ahora noto una sensación en el estómago que me dice esto sí o esto no. ¡Y funciona! Y abrir mi mente al SI, a la de ventanas que se abren y sin fin de posibilidades que permito en mi vida cuando me permito un sí, aunque sea con condiciones, ya que antes era un no continuado, incluso a las cosas buenas, atrapada por el miedo de la incertidumbre.

 

Ahora vivo la incertidumbre sin tanto miedo, casi sin miedo te diría, con apenas el suficiente para no ponerme en peligro, pero dejando que fluya. Recuerdo también aquella sesión donde conseguiste que acabara pataleando y gritando, sacando tanto dolor y rabia acumulada. No hubiera creído que había tanta enterrada.

 

Y aprender a dejarme abrazar, a no llorar a solas, sentía con vergüenza mi tristeza y sentimiento de soledad y necesidad. Me llegó a lo más hondo tu ofrecimiento a abrazarme, pero que no me quedara sola llorando en casa. ¡Y me lo permití! Exigía a alguien que me llenara, desde la carencia, y me enseñaste a llenar de mi misma. Y desde luego eso cambió muchísimo mi punto de partida.

Y me encanta tu forma de definir las cosas, y la pasión y entusiasmo que pones en cada taller, contagiosa total.

 

Así que usa con libertad todo lo que he expresado y mis datos. Yo misma explico continuamente a amigos, familia e incluso clientes lo bien que me vinieron las sesiones del método Grinberg, y lo bien que me vienen y aplico, aunque no sea constante con los ejercicios.

 

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